Agua en el Cosmos Luis F. Rodríguez y Yolanda Gómez Centro de Radioastronomía y Astrofísica, Universidad Nacional Autónoma de México Dada su relación con la vida, la presencia de agua en el Cosmos interesa no sólo a los científicos sino tambien al público en general. Los astrónomos cuentan con poderosas técnicas y sensitivos telescopios que les han permitido detectar a esta molécula en diversos entornos que van desde los planetas en nuestro Sistema Solar hasta las remotas galaxias. La existencia de los seres humanos es imposible sin agua. El 60% de nuestro peso corporal es agua y ésta es indispensable para transportar y asimilar los nutrientes en la sangre. Una persona puede vivir más de 40 días sin comida, pero sólo unos 5 días sin agua. Así, cuando pensamos en vida, resulta inevitable pensar en agua. Sabemos que en la Tierra podemos encontrar al agua en sus tres estados clásicos: sólido, líquido y gaseoso. ¿Pero existe en otras partes del Universo? Después de todo, el agua es una molécula sencilla, el H2O, formada por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno (véase figura 1). El hidrógeno es el elemento más común en el Universo y el oxígeno es también relativamente abundante (es el elemento más abundante despues del hidrógeno y el helio, hay aproximadamente un átomo de oxígeno por cada mil de hidrógeno), así que uno pensaría que si se dan las condiciones adecuadas estos átomos se unirían para formar agua. Nuestra Luna es el primer cuerpo celeste que viene a la mente. Los humanos ya hemos puesto el pie en ella y hubo gran revuelo cuando en 1996 la nave espacial Clementina y en 1998 el Explorador Lunar, reportaron datos que sugerían la presencia de pequeñas cantidades de hielo en algunos cráteres, mezclado con el material que forma la superficie lunar. El Explorador Lunar había inferido la presencia del hielo bajo la superficie de la Luna mediante el estudio de los neutrones que se producen cuando los rayos cósmicos (partículas que viajan por el espacio a velocidades cercanas a las de la luz) chocan con la Luna. Si hubiese mucho hielo bajo la superficie lunar, el hidrógeno de este hielo absorbería fuertemente a los neutrones producidos por los rayos cósmicos. Así, una reducción en la emisión de neutrones implicaría la presencia del hielo. ¿Cómo habría logrado permanecer este hielo en las inclementes condiciones lunares? La luz del Sol evaporaría al hielo en agua, y como la Luna no tiene atmósfera la falta de presión haría que esta agua se transformara en vapor. Finalmente, la baja gravedad de la Luna no podría impedir que el vapor de agua se perdiera al espacio exterior. La idea que podría explicar la presencia de hielo es que en los polos de la Luna hay cráteres con regiones que han estado siempre a la sombra, protegidas de los rayos del Sol. Visto desde los polos de la Luna, el Sol siempre está muy bajo en el horizonte y sus rayos no llegan a las partes internas de los cráteres. El hielo podría conservarse miles de millones de años en estas condiciones. La posible presencia de agua en la Luna es de crucial importancia para su futura exploración y colonización. Dados los altísimos costos de los viajes espaciales, cuesta aproximadamente lo mismo transportar un litro de agua a la Luna que lo que cuesta un kilo de oro en la Tierra. Para poner a prueba la existencia de hielo en la Luna, la NASA decidió estrellar intencionalmente al Explorador Lunar en una de estas regiones permanentemente sombreadas. El Explorador Lunar fue una nave con peso de 150 kilos que estuvo en órbita alrededor de la Luna por un año, estudiándola. La colisión ocurrió el 31 de julio de 1999. Al chocar, desde más de una docena de telescopios en la Tierra se realizaron observaciones muy sensitivas para buscar emisiones del hidroxilo (o sea el OH, una molécula que se produce cuando por la explosión de un choque, la molécula de agua pierde uno de sus dos átomos de hidrógeno). Desafortunadamente, estas emisiones no se detectaron, con lo que la existencia de hielo en la Luna quedó sin confirmación. Por otra parte, quizá la región donde cayó la nave no tenía hielo. Sólo futuras exploraciones directas de estos cráteres resolverán el enigma. Dónde sí es seguro que hay hielo es en los polos de Marte. Varias misiones espaciales han fotografiado estas regiones congeladas (véase figura 2), las cuales están formadas principalmente por dióxido de carbono congelado (lo que llamamos "hielo seco"), pero también con una pequeña parte de agua sólida. No es posible inferir la presencia de hielo a partir sólo de las fotografías, pero en combinación con estudios de la radiación infrarroja emitida y reflejada por esas zonas, sí es posible hacerlo. También se sabe que la atmósfera marciana, con una presión doscientas veces menor que la de nuestra atmósfera, contiene pequeñas cantidades de vapor de agua. Aunque en la actualidad no hay agua líquida en Marte porque este planeta es demasiado frío, la existencia de hondonadas y canales en su superficie sugiere que la hubo en el pasado (véase figura 3). La posibilidad de que exista hielo en grandes cantidades en el subsuelo marciano ha despertado gran interés recientemente, puesto que ésto facilitaría enormemente la exploración y colonización del planeta. En los tres últimos años la misión Odisea Marciana de la NASA ha presentado evidencia de la existencia de grandes depósitos de hielo en el regolito marciano. Esta nave no amartizó sino que orbita al planeta y no detecta al agua directamente sino al hidrógeno que presumiblemente está en las moléculas de agua. Para posiblemente establecer de manera más directa la presencia de agua en Marte, la NASA envió recientemente, el 10 de junio y el 7 de julio del 2003, dos robots (bautizados como Espiritú y Oportunidad, ver fig. 4) con el propósito de estudiar rocas y otros componentes de la superficie marciana para buscar pistas que nos den nueva información sobre la actividad acuática que pudo haber en el pasado. Esta misión exploratoria de Marte con robots (llamada en inglés Mars Exploration Rover Mission) comenzará a reportar resultados una vez que las naves lleguen a Marte en enero del 2004. También se ha especulado que otros cuerpos del Sistema Solar, como Europa --uno de los satélites de Júpiter (ver fig. 5)--, pueden contener agua líquida bajo su superficie congelada, y hay evidencia de la presencia de agua en los meteoritos. Uno de ellos, que cayó en Texas en 1998, fue estudiado en detalle y se encontró que contiene gotas microscópicas de agua líquida (véase figura 6) que quedó atrapada en los cristales que forman el meteorito. Como los meteoritos se formaron hace 4,500 millones de años, junto con el Sol y los planetas, es asombroso pensar que estas pequeñísimas gotas de agua hayan estado atrapadas ahí todo este tiempo. Pero nuestro Sistema Solar es sólo un rincón del Universo. Un rayo de luz que sale del Sol llega a la Tierra en ocho minutos, pero le toma unos años llegar a las estrellas más cercanas a nuestro Sol. ¿Existe agua en estas otras remotas estrellas o en sus alrededores? No es fácil contestar esta pregunta, porque estos cuerpos están tan lejos que no es posible tomarles una fotografía que nos mostrara directamente nubes de vapor de agua como en la Tierra o casquetes de hielo como en Marte. A estas grandes distancias nos tenemos que conformar con analizar la luz y las otras radiaciones del espectro electromagnético que nos llegan de los lejanos astros. Afortunadamente, cuando se encuentra en estado gaseoso, el agua emite ondas de radio con una longitud característica de 1.35 cm, que pueden ser detectadas y estudiadas con los radiotelescopios terrestres. Más aún, esta emisión natural ocurre en el modo máser, o sea que las señales pueden ser bastante intensas. Cuando una fuente emite en modo máser, un fotón inicial que pasa cerca de una molécula de agua que esté excitada al nivel adecuado, la estimula a emitir otro fotón. A su vez, estos dos fotones estimulan a sendas moléculas a emitir de modo que el número de fotones se amplifica exponencialmente al viajar por el gas que forma a la fuente. El proceso ocurre de manera continua porque despues de la desexcitación hay procesos de ``bombeo'' que hacen que la molécula se excite de nuevo. En 1969 un grupo de astrónomos encabezados por el Premio Nobel de Física Charles Townes, detectó por vez primera emisión máser del vapor de agua en tres nubes cósmicas donde se están formando nuevas estrellas. Interesantemente, Townes había obtenido el Premio Nobel unos años atrás, en 1964, por la construcción de los primeros máseres y láseres en el laboratorio. Desde entonces, la emisión máser del vapor de agua se ha estudiado exhaustivamente, usando distintos radiotelescopios, como el llamado Conjunto Muy Grande de Radiotelescopios (o Very Large Array, véase figura 7). Recientemente, en un proyecto lidereado por el Dr. José María Torrelles, del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Institut d'Estudis Espacials de Catalunya, realizado en colaboración con otros investigadores de España, México, EUA, y Chile utilizamos un nuevo y poderosísimo instrumento para estudiar con detalle exquisito el vapor de agua en la región de formación de estrellas llamada Cefeo A, a 2 000 años-luz de la Tierra. El instrumento utilizado, el sistema de radiotelescopios VLBA (siglas del nombre en inglés Very Long Baseline Array), está compuesto por diez radiotelescopios, cada uno de 25 metros de diámetro, situados uno en Hawai, otro en St. Croix (Islas Vírgenes) y los ocho restantes en los Estados Unidos continentales (ver fig. 8). Los 10 radiotelescopios se manejan a control remoto, y al funcionar conjuntamente se consigue una resolución angular (capacidad de distinguir detalles muy pequeños) 200 veces mejor que la que obtiene el Telescopio Espacial Hubble. Este instrumento permitió descubrir una burbuja esférica de vapor de agua expelida por una protoestrella o embrión estelar. en la región estudiada (véase figura 9). Lo más sorprendente de esta burbuja es su precisa geometría esférica, antes de esta observación se creía que si las protoestrellas expulsaban gas lo hacían con geometría bipolar (o sea, en forma de dos chorros diametralmente opuestos) y de hecho aún no hay explicación para la burbuja, que se expande a una velocidad de 36 000 kilómetros por hora y tiene un tamaño de 18 000 millones de kilómetros, comparable al de nuestro Sistema Solar. La burbuja tiene un espesor de sólo una centésima de su radio. Observaciones astronómicas muy recientes indican que en el centro de la burbuja hay una estrella muy joven, cuyas características empiezan a estudiarse. De hecho, la presencia de vapor de agua es común en la cercanía de las estrellas jóvenes (la superficie misma de las estrellas es generalmente muy caliente para que el agua sobreviva ahí y mas bien se le encuentra rodeando a la estrella) y lo que hace notable a la burbuja es su forma. Recientemente, el mismo grupo encabezado por Torrelles ha reportado la presencia de un sistema de dos estrellas jovenes, muy cercanas entre si, una de las cuales muestra en el movimiento de sus máseres de agua la clásica geometría bipolar, mientras que la otra muestra una geometría aproximadamente esférica. Este nuevo resultado indica que es improbable que la diferencia entre las dos geometrías se deba a las condiciones del medio ambiente del cual se condensaron las estrellas, sino a una diferencia en la edad o a mecanismos pobremente entendidos. Una vez que transcurre la infancia de las estrellas, generalmente éstas se tornan demasiado calientes para que el agua permanezca en ellas, aunque el astrónomo mexicano Pedro Sada ha encontrado, mediante observaciones infrarrojas, pequeñas trazas de vapor de agua en las estrellas Betelgeuse, de la constelación de Orión, y Antares, la estrella más brillante de la constelación del Escorpión. Estas estrellas son viejas, que se aproximan al fin de su vida. El agua vuelve a aparecer de manera importante cuando la estrella está a punto de morir. Un caso interesante es el de la CW Leonis. Esta vieja estrella, próxima a morir, sufrió un aumento en su brillo que aparentemente calentó una nube de cometas que existe a su alrededor. Este calentamiento provocó la evaporación de algo del hielo de la superficie de estos cometas (véase figura 10). El agua, ya en estado gaseoso, emite entre otras líneas (como la línea maser que ya mencionamos) una línea en la región submilimétrica del espectro electromagnético que fue detectada por el satélite astronómico para ondas submilimétricas (SWAS). Las ondas de radiación están caracterizadas por su longitud de onda, la cual está determinada por el proceso que las produce. Por otra parte, se creía que las estrellas al morir destruían toda el agua que pudiera haber a su alrededor. Sin embargo, recientemente uno de los autores (Yolanda Gómez), junto con investigadores españoles encontraron vapor de agua en los alrededores de una estrella agonizante, denominada K3-35, que se encuentra en la fase llamada de nebulosa planetaria. El descubrimiento se hizo con el Conjunto Muy Grande de Radiotelescopios (véase la fig. 5). No obstante su nombre, una nebulosa planetaria no tiene nada que ver con planetas, en realidad se forma cuando una estrella como nuestro Sol agota su combustible y sufre una especie de metamorfosis: primero se expande aumentando su tamaño cientos de veces, y se convierte en una gigante roja. Luego la estrella comienza a contraerse y se torna cada vez más caliente hasta que ioniza (ésto es, arranca electrones a los átomos) al gas que fue expulsado por la estrella en la etapa anterior de gigante roja. Este gas se desprende de la estrella, formando una espectacular cáscara brillante alrededor de la estrella moribunda (véase figura 11). Durante esta etapa se dice que lo que queda de la estrella es un núcleo de nebulosa planetaria. No obstante que el agua y otras moléculas son abundantes en las envolventes de las gigantes rojas, en la fase de nebulosa planetaria la intensa radiación del núcleo destruye progresivamente estas moléculas, entre ellas el agua, rompiéndolas en sus átomos componentes. La detección de agua en K3-35 ha sido un resultado sorprendente que sugiere que ésta es una nebulosa planetaria tan joven que la radiación del núcleo aún no ha tenido tiempo de destruir todas las moléculas a su alrededor. K3-35 se encuentra a una distancia de 16 000 años luz de nosotros en dirección de la constelación de Vulpecula. K3-35 está constituida por una especie de dona de gas que rodea el núcleo y por un par de chorros de gas que emergen formando grandes lóbulos (véase figura 12). El vapor de agua fue encontrado cerca del núcleo del objeto en una especie de dona o disco que rodea al núcleo con un diámetro (25,000 millones de km) dos veces mayor que la órbita de Plutón alrededor del Sol. La gran sorpresa fue no sólo encontrar agua en las cercanías del núcleo estelar sino también en dos regiones diametralmente opuestas de la nebulosa a 750 000 millones de km del centro de la estrella, coincidiendo con las puntas de los dos chorros de gas que parten de la estrella. Recientemente este mismo grupo, junto con otros astrónomos del Observatorio de Robledo de Chavela (España) y de Medicina (Italia) realizaron una búsqueda de vapor de agua hacia otras nebulosas planetarias encontrándola en un nuevo objeto, que probablemente sea una nebulosa planetaria recién formada. ¿Qué tan lejos se ha detectado vapor de agua? Gracias a que la emisión que se capta en la región de radio (con longitud de onda de 1.35 cm) está amplificada por el proceso máser, ha sido posible detectar vapor de agua aun en las lejanas galaxias externas. Mientras las estrellas de las que hemos estado hablando están a sólo unos miles de años-luz de la Tierra, las galaxias comienzan a aparecer a millones de años-luz. En la figura 13 mostramos una imagen de la galaxia NGC 4258, a 25 millones de años-luz, en cuyo centro se ha detectado vapor de agua orbitando alrededor de un gigantesco hoyo negro. De hecho, el movimiento rotacional del vapor de agua alrededor del hoyo negro permite determinar la masa de éste: unos 35 millones de veces la masa de nuestro Sol. Se ha detectado vapor de agua en unas 40 galaxias, que por la gran luminosidad de su emisión máser (en comparación con los máseres de nuestra Galaxia) se conocen como galaxias megamáser. La más lejana se llama 3C 403, a 800 millones de años-luz. Este es el objeto más lejano en el que se ha detectado agua. La distancia a 3C 403 es menos del 10 por ciento del tamaño del Universo. Es posible que haya vapor de agua a mayores distancias, pero ni aun la eficiente emisión máser resulta detectable tan lejos y con los radiotelescopios actuales. El agua es pues común en el Universo y sus emisiones le permiten al astrónomo estudiar diversos objetos en el espacio. Claro, como seres humanos lo que nos gustaría es encontrar un planeta alrededor de otra estrella que tuviera agua líquida, además de atmósfera y la temperatura adecuada para sostener la vida. Los astrónomos estamos aún lejos de encontrar ésto, pero es reconfortante saber que la molécula más importante para la vida existe en otras partes de nuestro Universo. PIES DE FIGURA Figura 1. El agua es una molécula formada por dos átomos de hidrógeno (representados por las esferas blancas) y uno de oxígeno (representado por la esfera roja). Figura 2. El polo sur marciano, cubierto de hielos de dióxido de carbono y agua. Figura 3. La presencia de canales y hondonadas en la superficie marciana sugiere que pudo haber existido agua líquida en el pasado. Figura 4. Imagen artística de uno de los robots recientemente enviados a Marte, como se verían en la superficie del planeta. Figura 5. Imagen de la superficie de Europa, uno de los satélites de Júpiter. Esta imagen fue tomada por la nave Galileo de la NASA. Figura 6. Fotografía del meteorito con gotitas de agua atrapadas en sus cristales. Figura 7. El Conjunto Muy Grande de Radiotelescopios (Very Large Array) es utilizado frecuentemente para estudiar la emisión máser del vapor de agua. Figura 8. El Conjunto de Radiotelescopios de Base Muy Larga (Very Long Baseline Array) permite estudiar detalles pequeñisimos de las fuentes celestes. Una limitación que tiene es que la intensidad de la emisión estudiada tiene que ser muy alta. Figura 9. Montaje con ampliaciones sucesivas de la burbuja de agua descubierta en Cefeo A. Figura 10. Diagrama artístico de lo que puede estar ocurriendo en los alrededores de la estrella CW Leonis. Figura 11. Imagen óptica de una nebulosa planetaria común llamada NGC 6543. Figura 12. Imagen de radio de la nebulosa planetaria K3-35, tomada con el VLA. Los colores indican intensidad; el rojo es más fuerte y el azul más débil. El agua fue detectada hacia el núcleo y hacia las puntas de los dos chorros de gas. Figura 13. Se ha detectado la presencia de vapor de agua en el centro de la galaxia NGC 4258 y en otras galaxias.